El gran final del IV Festival Internacional para Niños, Adolescentes y Adultos con Trastornos Auditivos „Beats of Cochlea”

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El gran final del IV Festival Internacional para Niños, Adolescentes y Adultos con Trastornos Auditivos „Beats of Cochlea”

El gran final del IV Festival Internacional para Niños, Adolescentes y Adultos con Trastornos Auditivos „Beats of Cochlea”

El IV Festival Internacional para Niños, Adolescentes y Adultos con Trastornos Auditivos „Beats of Cochlea” terminó con el concierto en el que participación los diez finalistas seleccionados por el jurado. “No vamos a disimular la emoción, sentir es noble y humano”. Con estas palabras el Prof. Henryk Skarżyński anunció las próximas actuaciones en el escenario de la sala de conciertos de la Orquesta Sinfonia Varsovia. A los finalistas les acompañó la Orquesta de Cámara Juvenil Divertimento, dirigida por Krzesimir Dębski. El festival fue auspiciado por el Ministerio de Sanidad.

El primer año del festival, nos conmovía ver a las personas sordas presentar sus talentos – dijo el Prof. Ryszard Zimak, que presidía el jurado ya por cuarta vez. – Después de los cuatro años, ya no estamos evaluando a pacientes con trastornos auditivos sino a artistas jóvenes, muchas veces olvidándonos de que son usuarios de implantes auditivos. No percibimos en ellos ningún tipo de cojera musical o artística. ¡Entonces algo sí que ha cambiado! Profesor, ¡este gran trabajo nos ha tocado los corazones! – decía el Prof. Zimak momentos antes de que empezaran las actuaciones de los galardonados.

El concierto final, moderado por Iwona Konarska y – como las veces pasadas – Maciej Miecznikowski, se celebró en la sala de conciertos de Sinfonia Varsovia, lugar en que – como subrayó el Prof. Henryk Skarżyński – pronto se construirá la sala de conciertos más grande de Europa. La primera en saludar al público fue Rebekah Stewart, graduada de la Royal Schools of Music, que vino a Varsovia desde tan lejos como la Nueva Zelanda. Es una gran aficionada a la música, sobre todo la de Fryderyk Chopin. Una condición cutánea le causó pérdida casi completa de la audición. Sin embargo, después de tener insertado un implante en el 2016, Rebekah volvió al mundo de los sonidos y de la música: forma parte de bandas musicales, además de dar clases de piano. Durante el concierto final interpretó la pieza “You raise me up” de Josh Groban.

Tras la actuación preciosa de la artista neozelandesa, al escenario subieron los participantes del festival más jóvenes: Krzysztof Szczygielski, guitarrista de 14 años (interpretó “Campomoro” de Joep Wanders) y una pianista de 10 años, Samira Yusupowa de Kazajistán (interpretó una de las obras de Piotr Czajkowski). Aruzhan Narashova de Kazachstan, con sus 10 años de edad conquistó los corazones del público no solo por la ágil interpretación de “Rondo – Toccata” de Dmitrij Kabalewski, sino también por la gracia con la que subió al escenario en un precioso traje folclórico de Kazajistán. Vestido de forma tradicional actuó también Biektore Zhayshylyk, tocando en el dombra (instrumento nacional kazajo) una de las canciones tradicionales de Kazajistán.

La actuación de la “pequeña princesa”, como llamó Maciej Miecznikowski a Shiang Tzu Huang, demostró qué tan grandes y rápidos progresos puede hacer una niña que oye a través de los implantes. La taiwanesa de 9 años lleva tan solo 2 años aprendiendo a tocar el piano y sin embargo interpretó la pieza “Dolly’s dreaming and awakening” de Theodore Oesten con una gran agilidad. El público estaba encantado. No obstante, la mayor simpatía ganó el paciente del Instituto de Fisiología y Patología Auditiva, Piotr Nowacki, de 12 años de edad. Cantó la famosa canción “Sofia” de Alvaro Soller en español y con tal pasión y energía que los sentados en la sala empezaron a acompañarle con las palmas de sus manos.
El entusiasmo del público despertó también el participante mayor del festival, John Redden, de 67 años. Es un hombre-orquesta, toca la guitarra y la armónica. Fue el finalista del festival ya hace dos años. Durante aquel concierto final tocó una canción muy melódica y bastante sentimental. Este año se dio a conocer como amante de un sonido más fuerte, interpretando “Seventh Son” de Johnny Rivers. Por otro lado, Laima Jakaite, una pianista de Islandia de 48 años, llevó al público a un momento de ensueño tocando uno de los preludios de Jan Sebastián Bach.

El concierto fue cerrado por Sebastian Fehr, austriaco de 28 años. Su historia (al perder la audición estaba convencido de que nunca más volvería a tocar su querida trompeta) le conmovió al público, por otro lado la actuación de Sebastian con una banda vestida de trajes folclóricos de Tirol y la pieza alegre “Share my yoke” le hizo reír.

Aparte de los diez finalistas de este año, durante el concierto – junto con la Orquesta de Cámara Juvenil “Divertimento” dirigida por Krzesimir Dębski – actuaron también los pacientes del Prof. Skarżyński, finalistas de las ediciones previas del Festival “Los ritmos de la cóclea”: Małgorzata Strycharz-Dudziak, Estera Łabiga, Anna Adamowska, Daria Władzińska, Weronika Niczyporuk y Olaf Kaca. Por primera vez actuaron juntos, interpretando una de las piezas con letra escrita por el Prof. Henryk Skarżyński (música del Prof. Krzesimir Dębski), “Cuando recuperé la audición”. Su estreno tuvo lugar en noviembre de 2016 durante el concierto con la ocasión del 20 aniversario del Instituto de Fisiología y Patología Auditiva en la Filarmónica Nacional. La interpretación de esta pieza con arreglo para instrumentos fue la expresión de gratitud hacia el Prof. Henryk Skarżyński por el don de la audición. No solo es por eso que esa actuación ha de considerarse especial. Nuestros galardonados han demostrado que personas con implantes auditivos pueden sentirse fenomenal en el escenario no solo como solistas, sino también, con el uso de los monitores, tocando y cantando acompañados de una orquesta. Actuar fue un gran reto para ellos. Sin embargo, como ha subrayado tras el concierto Małgosia Strycharz-Dudziak, gracias a los ensayos previos, el grupo entero fue capaz de cumplirlo.

El miedo a actuar acompañado de una orquesta lo tuvo incluso un pianista tan excepcional como Davide Santacolomba, ex alumno del conservatorio de Palermo, aprendiz de la pianista ucraniana Anna Kravtchenko, galardonado en el festival “Los ritmos de la cóclea” hace dos años e invitado especial de esta edición. Tiene mucha experiencia, pero siempre ha actuado solo. Por lo tanto, antes del concierto de Varsovia temía a cómo sintonizaría con una gran orquesta. Resultó que sus miedos no eran fundados. Gracias a la colaboración en el escenario con el maestro Krzesimir Dębski, interpretó una pieza especial, “Grande Polonaise” de Fryderyk Chopin, con una perfección. El público estaba encantado.

También Vsevolod Khmielnitski de Rusia, de 15 años de edad, finalista del festival de hace dos años, dio una muestra de virtuosismo. En su primera actuación, en la Universidad de Música Fryderyk Chopin, ni el jurado ni el público tuvo la duda de que tiene gran talento. En julio de este año actuó como invitado especial y un pianista ya maduro. En el escenario de SinfoniaVarsovia tocó una de las piezas de Edvard Grieg.

El momento excepcional del concierto de este año fue la actuación de los niños del grupo de musicoterapia del Centro Mundial Auditivo. Las clases para niños implantados con el uso de la música llevan impartiéndose ya unos cuantos meses en el marco del Programa de Investigación “Música en el desarrollo auditivo del ser humano”, implementado por iniciativa del Prof. Henryk Skarżyński en el Instituto de Fisiología y Patología Auditiva. La actuación de los pequeños pacientes, preparada por la terapeuta musical Agnieszka Sepioło, demostró cómo la música (“La danza de Anitra” de Edvard Grieg) puede involucrar a los niños oyentes gracias a implantes auditivos, los cuales tienen un impacto positivo en la rehabilitación de la audición.

En el concierto final – al igual que en los conciertos anteriores que finalizaban el festival “Los ritmos de la cóclea” – el dúo Basia Kaczyńska (mezzosoprano) y Maciej Miecznikowski (barítono), junto con los participantes y todos los artistas del concierto, cantó el himno “El mundo que oigo”. La letra de esta pieza fue escrita con la ocasión de la primera edición del festival por el Prof. Henryk Skarżyński y la música fue compuesta por el Prof. Krzesimir Dębski. El público, acompañado de todo tipo de emociones: desde una triste melancolía hasta una explosión de alegría, se despidió de los artistas con un fuerte aplauso.